lunes, 10 de mayo de 2010

Asedio a Bolonia

Un emisario del Sacro Imperio Romano tocaba las puertas de la humilde, pero fortificada ciudad de Venecia pidiendo un alto al fuego, no obstante al haber roto nuestra alianza al bloquear uno de los puertos venecianos, mi honor me obligaba a proceder con medidas drásticas.
De este modo decidí asediar la ciudad del imperio más poderoso de Europa occidental, con todo y emperador dentro.
Partí de una recién conquistada ciudad con tan solo dos escuadras de caballería a las murallas de Bolonia, donde el emperador Henrich el campeón, del Sacro Imperio Romano me esperaba con la mayor de sus fuerzas. Al llegar a las murallas, ciento cincuenta soldados venecianos armados con sus lanzas y su valor ya se preparaban para la batalla. Detrás de ellos ciento veinte ballesteros con pavés, quizá la mejor unidad de proyectil en todo Europa durante el siglo XI, cargaban sus ballestas y reforzaban sus escudos. Al horizonte se asomaba el grueso y la clave del ejercito, los caballeros venecianos protegidos por sus cotas de malla y los cientos de sargentos montados que los seguían.

La lucha comenzó pasado el medio día, la armada veneciana ya había destrozado a las infames galeras que habían osado bloquear las rutas de los indefensos mercaderes. En Bolonia, los ballesteros germanos se apostaban en las murallas para disparar a las fuerzas de Venecia, así como sus lanceros y su numerosa infantería ligera poniéndose detrás de ellos y en las puertas.
Las escalas serian inútiles, pues su superioridad numérica habría de aplastar a los, aunque valiente, escasos lanceros venecianos. Apostando todo a los arietes, estos se dirigieron de manera precipitada a las puertas mientras las balistas enemigas intentaban incendiarlos. Al verse acorralados, la desesperación los hizo caer en la desgracia y abrieron las puertas para destrozar a la infantería y ballesteros de Venecia, sin los cuales el asedio seria un fracaso.
Vislumbrando desde la retaguardia infundí valor a mis hombres y cargamos contra ellos, gritando en gran estruendo el enemigo dudo y la infantería se unió al frenesí arremetiendo contra los lanceros germanos e impidiendo a estos armar una formación cerrada que pudiese detener a mis caballeros. El acero chocó en gran trueno y la sangre y los gritos se mezclaron con el valor que impregnaba el aire de muerte.
En pocos segundos, la caballería envolvió a la infantería germana tan rápido que no tuvieron tiempo de recobrarse de la primera impresión e intentando huir en desbandada fueron aplastados por las patas de los caballos, las flechas y las lanzas de la ofendida Venecia.
Ya solo espera el una vez temido por toda Europa, Emperador Henrich el Campeón, con sus guardia real de caballeros germanos y un centenar de milicia local.
Los ballesteros lanzan sus proyectiles una y otra vez, reduciendo el numero de la lastimosa milicia enemiga y derribando a algún que otro guardia imperial. Se lanzan contra los ballesteros, pero las lanzas venecianas ya los están esperando y dirijo a la caballería al ultimo choque que acabará con la captura o la muerte del Emperador que en su egocentrismo lanzo una injuria al humilde pero noble República de Venecia.
¿A que llevara esta conquista? ¿A un edad de oro de la república? ¿O debería decir al nuevo imperio de Venecia? Solo Dios sabe. A pesar de las buenas relaciones que mantenemos con los estados papales y el imperio Húngaro, el duque milanes, que ha independizados el pequeño estado italiano y lo ha expandido a costa de poblaciones débiles se ha fortalecido y sus actitud hacia nosotros es hostil. El imperio Bizantino, neutral en apariencia es enemigo de nuestro nuevo aliado y en el futuro tendremos que luchar con ellos por el control del comercio entre occidente y oriente.
Tan frágil es nuestra grandeza, que cualquier equivocación puede llevarnos de la supremacía al vasallaje o peor aún a la destrucción.

Ya nos encontramos a unos metros de chocar fuerzas con la guardia real del emperador, los hombres gritan y los cascos de los caballos castigan las calles empedradas de Bolonia, bañadas en la sangre de los valientes hombres alemanes y venecianos. Solo unos centímetros antes de...

Todos se oscurece, el ruido cesa y la existencia entra culmina con oscuridad. El procesador se ha calentado y el ventilador es insuficiente para mantenerlo fresco ante tal ola de calor. Una ofensa del Japón ha mi persona por no crear maquinas eficientes en la refrigeración, una injuria digna de una invasión. Suerte para ellos que mis ejércitos y poder han desaparecido con ese apagón.

2 comentarios:

  1. Jaja creo que todo gamer hemos pasado por eso... si no son tropas medievales podrían ser zombies o ejércitos espaciales o alguna otra creación de la Sci Fi...

    Muy buena historia, bastante bien narrada.

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  2. Esto fue más real que la realidad señor Chow...

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