Mucho pensé en que poner para mi primera entrada.
Al principio pensé que debería ser algún pensamiento filosófico, el recuento de uno o varios sucesos extraordinarios o hasta una reflexión acerca de uno de los muchos temas que impactan a nuestra sociedad.
No se me ocurrió nada, ni nada extraordinario paso, y como la razón de desactivar el facebook es que expreso demasiado de mi vida personal por ese medio, me niego a contar sobre mi vida, al menos sin algo realmente extraordinario que relatar.
Voy a inaugurar este blog con un relato que escribí el año pasado, reflejo tal vez de mis traumas personales (o tal vez no).
Lalito fue emocionado a su primer curso de natación, era algo nuevo para el y no tenía nada que temer ya que sus padres le habían asegurado que nada le pasaría. Entro a las duchas y se dio un “remojón”; Se puso su traje de baño y salio felizmente hacia la alberca techada, el piso era algo resbaloso y había niños gritando y jugando por doquier. Lalito solo contaba con 6 años por lo que para el todo se veía enorme.
-¡Todos al agua! –grito uno de los instructores
Lalito se acerco tímidamente a la escalera y bajo poco a poco. No era muy profunda aquella parte, en realidad el agua solo le llegaba al pecho. Los instructores comenzaron a dar las primeras enseñanzas.
-Recuerden tomar aire antes de sumergirse –dijo una rubia
-No entren nunca al agua después de comer, deben esperar al menos una hora –dijo otro instructor.
“levanten la cabeza, sumérjanse con la espalda recta, habrán los ojos, pataleen, relajen su cuerpo, doblen las piernas…” Los instructores no dejaban de dar un sinfín de reglas para aprender a nadar. Lalito no tenía idea de que estaba sucediendo y realmente no prestaba atención a lo que los instructores decían.
-Subamos al trampolín dijo el instructor principal, todos una fila. Lalito salio del agua y se formo. Uno por uno los niños comenzaron a saltar, Lalito estaba en el trampolín. Miro abajo y sintió el vértigo.
-No quiero saltar profesor –susurro despacio en dirección al instructor que se hallaba junto a el.
-¡Vamos! Inténtalo no esta muy alto –casi instantáneamente el instructor le dio un pequeño empujón al niño y este perdiendo el equilibrio callo al agua.
Lalito se sumergió hondo y más hondo, la profundidad debió haber sido de unos dos metros más o menos. Abrió los ojos, no veía muy claro a su alrededor, algo se movió a su izquierda, una sombra a su derecha. Se aterro, salio a flote, se comenzaba a hogar. Un brazo se aferro a el, lo jalo y lo sacaron del agua.
Lalito no regreso a ese lugar, tomo su segunda y tercera clase en otros lugares, sin embargo siempre fue igual. No lograba superarse, su miedo lo dominaba.
Sus padres intentaron convencerlo varias veces, sin embargo el no acepto volver a las clases y con el tiempo comenzó a dejar de ir a las fiestas en albercas, chapoteaderos y demás. Pasaron los meses y la situación empeoraba, Lalito ya no solo se rehusaba entrar a las albercas, sino también a tomar baños en la tina. Lalito llegó a visitar al psicólogo un par de veces, pero no sirvió de nada.
Pasaron un par de semanas más cuando sus padres decidieron “tomar cartas en el asunto”. La madre de Lalito compro una alberca inflable y la puso en el Jardín, la lleno de agua y llamo a su hijo. Este al ver la infernal alberca se rehusó a dar un paso más sin embargo, su padre lo tomo del brazo y lo obligo a salir mientras su madre le puso su traje de baño y lo metió al agua a un aterrado niño, pero después de unos minutos se dio cuenta que el agua solo le llegaba hasta las rodillas, pasando unos minutos se recostó y comenzó a disfrutar el día.
Sus padres miraron con satisfacción, al parecer su plan había funcionado, Lalito comenzaba a perder su miedo al agua. Ambos padres entraron a la casa y tomaron un café mientras se felicitaban uno al otro por la victoriosa estrategia.
De pronto escucharon un grito de terror que venia del patio, salieron a toda velocidad. Lalito pataleaba, el agua salía salpicada por doquier.
-¡Me tiene mamá, tiene mi pierna! –Lloraba el pequeño Lalito desde el interior de la alberca.
El padre de Lalito salto hacia la alberca circular. Tenia unos tres metros de un extremo a otro y no era en absoluto profunda. El padre miraba con terror como un remolino se formaba en el agua y comenzaba hacer girar a su querido hijo. Lo tomo de un brazo y lo comenzó a jalar, pero la corriente era más fuerte y este se hundía cada vez más, su madre lloraba aterrada, los esfuerzos eran en vano. Al final, los desesperados padres vieron como su hijo desaparecía en un pequeño remolino. El padre de Lalito en un último intento, volteo la alberca de cabeza para así vaciar toda el agua que pudiese haber, sin embargo todo fue inútil. Lalito ya no estaba se había desvanecido en el remolino y había desaparecido sin dejar rastro.
Dedicado al buen Cthulhu

No hay comentarios:
Publicar un comentario