Un pasado antiguo, tal vez colonial, se asoma entre aquellas viejas casas que permanecen de forma inmutable y solemne tan muertas como la historia que hay en ellas.
La luz del sol se escabulle por entre los techos y las paredes para iluminar las frías calles y estructuras. Macetas en las jardineras reciben los rayos de luz y solo hacen aquel laberinto de casas aún más intrincado. Las sombras crecen con la luz entre callejones estrechos y los caminos parecen iguales, a la izquierda o a la derecha todo es igual. Los colores son tan diferentes como las hojas de los árboles e un bosque de otoño.
Una entre las casas sobre sale. De tres pisos y con paredes de cantera, adornada con hermosos herrajes y molduras; Ventanas con balcones y puertas de maderas finas.
Pronto me doy cuenta que una casa lleva a otra y solo una lleva al palacio de cantera que se erige orgullosa entre las demás, aunque hermosas, se opacan ante su magnificencia, su detalle y su altivez.
Una entre las casas sobre sale. De tres pisos y con paredes de cantera, adornada con hermosos herrajes y molduras; Ventanas con balcones y puertas de maderas finas.
Pronto me doy cuenta que una casa lleva a otra y solo una lleva al palacio de cantera que se erige orgullosa entre las demás, aunque hermosas, se opacan ante su magnificencia, su detalle y su altivez.

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