No recuerdo como llegue a España, ni mucho menos como llegue al país Vasco o como termine siendo un ETA. Nada tiene sentido, solo se que lucho por la independencia de un pueblo al que no pertenezco.
Nos pusimos nuestros paleacates; nuestro espíritu mexicano se impone a las máscaras blancas de tela de los etarras. Buscó un municiones entre el suelo y el polvo, no hay suerte aún.
¿Como venimos a parar a este mercado lleno de civiles que podrían resultar heridos?
Llenamos una canasta con provisiones mientras nos arrastramos pecho tierra, nadie parece notar nuestra presencia.
Atravesamos pasillos de abarrotes con gran velocidad, pero algo nos detiene; Un niño! no ha de tener más de nueve años y carga un rifle que apenas puede levantar. Nos observa, instintivamente levanto mi arma y apunto a su pecho. Es una guerra, hay que hacer sacrificios pienso mientras me preparo para disparar. Otro pensamiento invade mi mente, es solo un niño bajo rápidamente el arma y le hago señas para que se quite del camino, el baja su arma y sale corriendo del lugar. Seguimos escabullendonos por un pasillo de oficina. Entramos en una oficina, hay dos mujeres dentro, pero no a quien buscamos.
La vista se me vuelve borrosa y comienzo a desprenderme del lugar. No se quién soy, ni donde estoy. Todo está oscuro, regreso a la ficticia realidad... No ha sido más que una ficción real.

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